Una de las mayores satisfacciones como periodista del motor es poder echarle el guante a esos coches que llamaríamos “especiales”. Esos coches que son capaces de producirte emociones nada más verlos, de acelerar tu corazón a la misma velocidad que acelera su motor, y hacerte sentir “eso” que tanto nos gusta de los coches. Este es el Peugeot RCZ, y lo anterior su carta de presentación.
Hacía muuuuucho que con tan sólo ver el coche aparcado esperándome no me salía una sonrisa tan amplia. Como bien apuntaba Javier Moltó en un artículo, hay coches que no se puede judgar de manera objetiva. Son coches con carácter, con personalidad, y todo eso confluye para darle un valor añadido como es este caso, pero intentaremos hacerlo lo mejor posible.


